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UN POCO DE HISTORIA

 En ciertas culturas, en tiempos antiguos, los mensajeros portadores de malas noticias eran sacrificados
Hoy en día muchas de nuestras queridas aves son así mismo abatidas bajo los disparos de algunos inaprensivos cazadores, o pasan a formar parte de la dieta de halcones y azores, y esto a pesar de que jamás nuestras pequeñas amigas aladas portan malas noticias.
Pero no perdamos el hilo de este artículo y realicemos un primer apunte: la relación del hombre con la paloma se encuentra entre las más antiguas que el hombre ha llevado con especie animal alguna.
No hay duda de que en el principio el hombre crió palomas sólo para comérselas y que en los albores de la humanidad la paloma y el hombre compartieron farallones rocosos, cárcavas y cuevas, pero hace tiempo que hemos abandonado las cuevas y que en nuestra dieta ya no son imprescindibles estas proteínas para sobrevivir, por lo que ya no es necesario sacrificar a nuestros atletas alados, a nuestras bravas mensajeras para satisfacer nuestras necesidades alimenticias.
Documentos hallados en Mesopotamia que datan de hace aproximadamente 5.000 años establecen una significación para esta ave; consagrada a Astarté, diosa del amor y la fecundidad, adquiere el rango de animal sagrado.
Si embargo fueron los griegos los primeros en descubrir y utilizar el gran poder de orientación de la paloma para dar a conocer de forma casi inmediata los nombres de los ganadores en los juegos Olímpicos.  En aquella misma época, los egipcios usaban palomas para trasmitir el volumen de las crecidas del río Nilo a lo largo de su curso, volando las palomas por delante de las aguas crecientes y salvando de esta forma vidas y enseres.
Posteriormente, en la Edad Media, el empleo de las palomas decreció hasta servir casi exclusivamente para sustento del mal llamado “arte” de la cetrería. Durante esta época, la tradición colombófila tan solo se mantuvo y evolucionó en manos de indúes y árabes.
Entre los siglos XII y XIV, los sultanes de Bagdad tenían una red de mensajeras que, mediante palomares separados entre sí de 40 a 60 Kms, enlazaban aquella ciudad con otras importantes urbes de Oriente Medio, tales como El Cairo, Alejandría y Damasco.
La paloma mensajera volvió a Europa de la mano de los cruzados, quienes quedaron sorprendidos de la maestría demostrada por las colonias aladas árabes en los sitios de Jerusalén, San Juan de Acre y Mansourah. Fue tambíen es sendos sitios a las ciudades europeas de Leyde y Venecia, donde por primera vez en Europa se usaron las palomas mensajeras con fines militares.
El interés por las palomas en los Países Bajos se desarrolló en dos campos: A mediados del siglo XIX una verdadera red postal basada en palomas mensajeras comunicaba entre sí las principales ciudades belgas.
Otro hito importante en el desarrollo de la colombofilia lo vemos en el año 1815: En aquel año una paloma llevo desde el continente hasta Londres la noticia de la derrota de las tropas de Napoleón en la batalla de Waterloo.
En 1818 se funda en Bélgica la primer sociedad colombófila. Las actuales campeonas mensajeras son descendientes de aquellas primitivas mensajeras de Bagdad, a través de una línea que pasó de los árabes a los Países Bajos, en donde proliferaron centros de cría a partir del siglo XVI.
Años después, financieros belgas utilizaban palomas para conocer, antes que sus competidores, los resultados de las Bolsas de Londres y París, ganado verdaderas fortunas en el proceso, por lo que las palomas más rápidas eran las más cotizadas. La competición y por tanto el deporte colombófilo habían nacido.

                   César González




                                                                     


                                                                 











 

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